MÁS ALLÁ DE UN NÚMERO
¡Hola a todas! Espero que sigáis disfrutando
y exprimiendo la recta final de nuestras prácticas. Durante este proceso he
podido profundizar en el funcionamiento del proceso de evaluación que se
desarrolla en el centro, observando ciertas actuaciones generales llevadas a
cabo en el aula ordinaria como aquellas más específicas relacionadas con la
intervención de la maestra de Pedagogía Terapéutica (PT) en el aula específica.
Gracias a ello, he comprendido mejor cómo la evaluación constituye un elemento
fundamental dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje y cómo se adapta a las
necesidades del alumnado desde diferentes perspectivas.
El proceso de evaluación que se sigue en el centro se
centra en la evaluación inicial, la evaluación continua y la evaluación final.
Todas ellas toman como referencia los criterios de evaluación establecidos en
el currículo y están orientadas al desarrollo de las competencias específicas
de todo el alumnado.
En primer lugar, la evaluación inicial se realiza al
comienzo del curso con el objetivo de conocer el punto de partida de cada
estudiante. A través de esta evaluación se identifican conocimientos previos, dificultades,
fortalezas y necesidades educativas, lo que permite planificar una respuesta
educativa ajustada desde el inicio. Para ello, el profesorado utiliza distintos
instrumentos de evaluación como la observación directa, registros de
seguimiento, análisis de informes anteriores e incluso entrevistas con las
familias.
La información obtenida resulta fundamental para
organizar medidas de atención a la diversidad, establecer apoyos educativos,
adaptar metodologías y prevenir posibles dificultades de aprendizaje. En el
caso de la PT, esta evaluación tiene mucha importancia, ya que sirve como punto
de partida para diseñar Programas Específicos o Adaptaciones Curriculares
ajustadas a las características del alumnado.
Por otro lado, la evaluación continua o formativa se
desarrolla a lo largo de todo el proceso educativo y tiene un carácter global,
regulador y competencial. Su principal objetivo es realizar un seguimiento
constante del progreso del alumnado para detectar dificultades, valorar avances
y ajustar la intervención educativa cuando sea necesario.
Para ello se emplean numerosos instrumentos de
evaluación, entre los que destacan la observación sistemática, rúbricas,
cuadernos de clase, diferentes actividades, trabajos cooperativos, etc. Toda
esta información permite obtener una visión más completa del aprendizaje del
alumnado, más allá de una simple calificación numérica la cual, estoy segura de
que a la mayoría de nosotras nos ha resultado en algún momento de nuestra vida
una frustración.
Voy a destacar especialmente a un maestro de 1º de
Primaria el cual, aunque sea tutor y no PT estoy aprendiendo muchísimo de él
cuando entro a rotar en su clase. Para seguir esta evaluación, una de las cosas
que hace son grupos al azar cada viernes, los cuales deben ir rotando por
diferentes mesas para resolver varios retos sobre el contenido que hayan abordado
en la semana, generalmente de las asignaturas de Lengua, Matemáticas y
Conocimiento del Medio. Esta forma de evaluar creo que es una estrategia
atractiva que favorece el aprendizaje significativo. Por supuesto, no solo basa
la evaluación en esto, también lo hace de manera individual a través de
diferentes fichas y actividades, pero quería compartiros esta experiencia que
me está llamando especialmente la atención durante mis prácticas.
Asimismo, durante esta evaluación continua se mantiene
una comunicación frecuente con las familias mediante diferentes plataformas y/o
reuniones personales, favoreciendo así un seguimiento más cercano del proceso
educativo.
En relación con la labor de la PT, la evaluación
formativa también implica una revisión constante de la propia práctica docente.
La especialista utiliza instrumentos de autoevaluación donde valora aspectos
como la adaptación de materiales, la adecuación de los apoyos, el uso de
refuerzos positivos, la participación del alumnado o el nivel de inclusión
alcanzado dentro del aula. Del mismo modo, se realiza un seguimiento
individualizado del alumnado a través de registros y rúbricas adaptadas a los
distintos indicadores de evaluación.
Por último, la evaluación final o sumativa se lleva a
cabo al terminar cada trimestre, con el objetivo de valorar el grado de
adquisición de las competencias y criterios establecidos en el currículo. Esta
evaluación tiene en cuenta toda la información recogida durante el proceso de
enseñanza-aprendizaje, incluyendo pruebas finales, registros de observación,
informes y actividades realizadas, puestas en común en las sesiones de
evaluación del equipo docente.
A partir de ella se toman decisiones relevantes como
la promoción del alumnado, la continuidad de determinadas medidas de apoyo o la
elaboración de informes individualizados. En el caso del alumnado atendido por
PT, la especialista participa junto con el tutor en la elaboración de los
informes trimestrales y finales, valorando especialmente la evolución de las
adaptaciones curriculares y programas específicos desarrollados.
Por otro lado, dentro del aula específica también he
podido observar cómo la evaluación se adapta completamente a las
características individuales de cada alumno. En este contexto, cobran especial
importancia instrumentos como la observación directa, los registros
conductuales, las actividades manipulativas, etc. La información y comunicación
con la familia es algo a lo que en mi centro se recurre a menudo, ya que es primordial
trabajar en casa y en la escuela en la misma dirección.
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