Es la primera semana de prácticas y comienzo esta etapa con mucha ilusión, motivación y también con algunos nervios propios de este momento.
En primer lugar, el centro en el que estoy realizando mis prácticas es el CEIP Manuel Castro Orellana, un colegio muy especial para mí, ya que fue donde cursé mis etapas de Educación Infantil y Primaria. Es por esto que, volver a este lugar años después, pero desde el rol de futura docente, empieza siendo una experiencia muy significativa para mí, ya que todo se ve desde una nueva perspectiva. Esta nostalgia inicial se ha convertido rápidamente en motivación intrínseca que me reafirma en la elección de la mención de Educación Especial.
Durante esta primera semana, he tenido impresiones muy positivas. Primero, he tenido la suerte de encontrarme con una profesora de referencia que no solo demuestra una gran competencia profesional, sino también una sensibilidad y una forma de entender la educación que me inspira bastante. Observar su forma de trabajar con el alumnado en el aula específica me ha permitido comprender la importancia de esa atención individualizada, la paciencia y la adaptación constante a las necesidades de cada niño y niña. Este primer contacto con lo que es la realidad educativa ha sido muy enriquecedor.
A nivel personal, una de las sensaciones más destacadas ha sido la de descubrimiento. Aunque a lo largo de la carrera hemos abordado contenidos teóricos sobre necesidades específicas de apoyo educativo, vivirlo en el día a día del aula supone un aprendizaje mucho más realista y significativo. La convivencia en el aula específica con alumnado con TEA de diferentes edades, así como la interacción con otros niños y niñas que acuden puntualmente desde infantil, me ha permitido empezar a observar la diversidad real del alumnado y la complejidad que implica atenderla de forma adecuada.
Sin embargo, junto a estas motivaciones también aparecen ciertas inquietudes. Me surgen dudas sobre si sabré actuar correctamente en determinadas situaciones, si seré capaz de conectar con el alumnado, algo que pienso que es muy importante o la improvisación que muchas veces es necesaria. Estas incertidumbres no las veo como algo negativo, sino como un impulso a aprender, a observar con atención y preguntar dudas. En este sentido creo que comparto estas sensaciones con compañeras que están viviendo la misma experiencia y pienso que es normal que aparezcan algunos miedos iniciales propios de enfrentarse a la práctica real.
Al mismo tiempo, se han despertado en mí nuevos intereses. Me llama especialmente la atención cómo se organiza el trabajo entre en aula específica, el aula de apoyo, el aula de AL, y cómo se coordinan los distintos profesionales para dar respuesta a un número tan elevado de alumnado con necesidades educativas específicas. Poder conocer los diferentes espacios donde se mueve este alumnado me está ayudando a ampliar mi visión sobre las diferentes formas de intervención y sobre la importancia del trabajo en equipo dentro del centro educativo.
En cuanto a los aprendizajes que espero alcanzar, mi principal objetivo es desarrollar una mirada más ajustada a la realidad del alumnado, conocer las diferentes situaciones que se den en el aula y comenzar a participar cada vez más. Me gustaría ganar más seguridad en mí misma, adquirir estrategias prácticas, conocer nuevos recursos y, sobre todo, aprender a acompañar a cada alumno desde el respeto, la empatía y la comprensión.
En definitiva, esta primera semana ha superado mis expectativas iniciales. No solo me siento cada vez más segura de haber elegido esta mención, sino que también empiezo a visualizar el tipo de docente que me gustaría ser. Aún me queda mucho por aprender, pero inicio este proceso con mucha ilusión, compromiso y con ganas de seguir creciendo tanto a nivel profesional como personal.





