jueves, 7 de mayo de 2026

Semana 05 (04-10/05) | Evaluación: tipos

APRENDIZAJES QUE NO CABEN EN UNA NOTA

Hola a todas, ya nos va quedando menos en esta experiencia tan bonita y esta quinta semana me está ayudando a entender algo que al inicio no tenía tan claro, la evaluación, ya que esta no es un momento aislado ni una simple recogida de resultados, sino un proceso constante hacia el alumnado, una forma de acompañarles en su proceso y de entender realmente quiénes son y qué necesitan en cada momento. En un contexto como el que estoy viviendo, dentro del aula específica y el aula de apoyo, esta idea cobra todavía más sentido, ya que cada pequeño avance, cada gesto o cada intento de comunicación tiene un valor enorme y forma parte de esa evaluación continua que guía toda la intervención educativa.

En el CEIP Manuel Castro Orellana, la evaluación inicial o diagnóstica tiene un papel fundamental, especialmente cuando el alumnado comienza a recibir apoyo o forma parte del aula específica. Aunque yo no he vivido directamente el inicio de curso, sí he podido ver y mi profesora me ha informado sobre cómo se parte de informes psicopedagógicos, de la información aportada por las familias y de observaciones muy cuidadas que realiza el equipo docente. Me ha llamado especialmente la atención cómo esta evaluación va mucho más allá de lo académico, es decir, se observa cómo se relacionan, cómo se comunican, qué les motiva, qué les genera frustración o inseguridad, etc. Es decir, se intenta comprender al niño o niña en su totalidad. Esto, en el caso del alumnado con TEA con el que estoy compartiendo aula, resulta imprescindible para poder ofrecer una respuesta educativa ajustada y respetuosa.

Sin embargo, si hay algo que realmente define la evaluación en mi centro, es su carácter continuo y formativo. Durante esta semana he podido comprobar cómo la evaluación está presente en cada momento del día, casi sin darnos cuenta. No se trata de “evaluar” en el sentido tradicional de tener que poner una calificación numérica a todo, sino de observar, de escuchar, de interpretar pequeñas señales. En el aula específica, por ejemplo, cada actividad está cargada de intención, cuando un alumno sigue una rutina visual, cuando responde a una consigna sencilla, cuando mantiene la atención unos minutos más que el día anterior o cuando logra comunicarse de una forma más funcional, todo eso está siendo observado y valorado.

La maestra utiliza principalmente la observación directa como instrumento clave, apoyándose en registros anecdóticos, listas de control y materiales adaptados que permiten ver el progreso de forma muy concreta, además, una estrategia sencilla que utiliza es poner la fecha y el nombre del alumno en la hoja o actividad que realice cuando este la acaba. Me parece admirable cómo es capaz de detectar detalles que a mí se me escapaban completamente. Poco a poco, yo también voy entrenando esa mirada, aprendiendo a fijarme en aspectos que no siempre son evidentes, pero que dicen mucho del desarrollo del alumnado.

Además, algo que me está marcando mucho es cómo esta evaluación tiene una implicación inmediata. No se queda en un papel ni en un informe, sino que influye directamente en la intervención: si una actividad no funciona, se adapta, si un alumno necesita más apoyo visual, se incorpora, si está cansado o saturado, se modifica el ritmo. Es una evaluación viva, flexible y profundamente humana.

En cuanto a la evaluación final o sumativa, aunque no es la que más he observado en el día a día, sí sé que se materializa en informes trimestrales y en el seguimiento de los programas educativos individualizados. Estos recogen los avances, pero también sirven para reflexionar y tomar decisiones de cara al futuro. Me parece importante destacar que, incluso en este tipo de evaluación más formal, el foco no está en comparar ni en etiquetar, sino en entender el proceso y la evolución de cada alumno y alumna.

Podría decir que esta semana ha supuesto un pequeño avance en mi seguridad. Sigo teniendo miedos, pero cada día me siento un poco más capaz de entender lo que ocurre en el aula y me pone muy feliz decir que cada vez me siento más conectada con mis alumnos de prácticas y ellos conmigo, es algo mutuo. La nostalgia de estar en el mismo colegio donde fui alumna se mezcla ahora con una sensación muy bonita de crecimiento personal y profesional. Estoy empezando a verme no solo como observadora, sino como futura docente, capaz de acompañar, de comprender y de adaptarse a la diversidad.

En definitiva, esta semana me ha enseñado que evaluar no es juzgar, sino cuidar. Es prestar atención, dar valor a los pequeños pasos y utilizar toda esa información para ofrecer una educación más justa, más inclusiva y más humana.

 

1 comentario:

  1. Me parece muy interesante esta forma de evaluar que va más allá de una nota, el hecho de escuchar y estar me parece imprescindible y me alegra que tu cole trabaje así, eso motiva al alumnado y hace sentir que valen más que una única nota, con respecto a los miedos es completamente normal sentirlos, aún me pasa, pero por lo que leo, veo como vas superando cada reto y momento de manera adecuada, ¡muchas gracias por contar tu experiencia!

    ResponderEliminar